ACTIVIDAD 7
Según lo
que Maquiavelo pensaba acerca de la religión y política era que existía una muy
alta separación entre lo que está bien y lo que no ya que en la época en la que
el vivió la iglesia dominaba cualquier tipo de asunto ya sea político por lo
que si una persona no estaba de acuerdo con la iglesia era cruel mente sancionado, por esto su pensamiento también se basaba en
el de que cada persona debe tener un lado bueno y un lado malo para poder
liderar u obtener algún mandato, porque existen personas que son malas por
naturaleza; y como se sabe cada quien busca el beneficio propio y el ser bueno
no hace cambiar el pensamiento de la otra persona, otro aspecto que toma en
cuenta es el con quien nos relacionamos, porque debemos tener más especialistas
y menos aduladores para poder alcanzar una buen liderazgo.
Para su
libro el príncipe lo que el intenta plasmar es el cómo es que una persona puede
liderar siendo tan bueno en un mundo lleno de buitres. Es importante que cada
quien tenga conocimiento de que por bien que se crea algo siempre existe un mal
que hará que cualquiera fracase.
Su
pensamiento realista lo hizo sugerir el crear un solo estado estable mediante
la fuerza de las armas. Creía necesaria una reforma política a cargo de un
príncipe fuerte (su modelo era César Borgia) que lograra la unidad de Italia como único
medio para enfrentar a estados fuertes, como Alemania o Francia, y no ser
invadida periódicamente por ellos.
Preconizaba
en sus escritos que en política el fin justifica los medios, y que en la lucha
por el poder lo importante es triunfar, por lo que la mentira, la astucia, la
violencia y la compra de personas con dinero estaban justificadas y daban mejor
resultado que la verdad o el buen trato a los ciudadanos. Mostraba que para
imponerse en política se requería inevitablemente una conducta que muchas veces
iría contra la fe, la moral y la religión, y requería de una retórica de
disimulo y engaño eficaz. Los gobernantes deben guardar las apariencias, aunque
salten constantemente sobre ellas, decía.
En realidad
el mundo sigue siendo el mismo, ya que siempre han ocurrido problemas de
corrupción y escándalos en la política de los países a través de la historia.
"El príncipe” decía ha de parecer, al que lo mira y
escucha, todo clemencia, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad y, sobre
todo, es fundamental aparentar el mayor respeto por la religión. Con esto indicaba que el político
era todas apariencias, ya que los hombres juzgan más por los ojos que por los
hechos o antecedentes.
En la
actualidad bien se sabe que los asuntos políticos siguen siendo corruptos y sin
democracia sin importar el país en el que se esté aunque el análisis que Maquiavelo
tuvo fueron de épocas pasadas la problemática sigue fuertemente sin importa cuánto
tiempo haya pasado, y aunque la religión se separó de la política dejando atrás
el mandato aún existen países donde la jerarquía de gobierno sigue siendo la
misma.
Una parte
importante del moderno Príncipe deberá estar dedicada a la cuestión de una
reforma intelectual y moral, es decir, a la cuestión religiosa o de una
concepción del mundo. También en este campo encontramos en la tradición
ausencia de jacobinismo y miedo del jacobinismo (la última expresión filosófica
de tal miedo es la actitud malthusiana de B. Croce hacia la religión). El moderno
Príncipe debe ser, y no puede dejar de ser, el abanderado y el organizador de
una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un
desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el
cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna.
En la
actualidad Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un
programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es
precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y
moral. El moderno Príncipe, desarrollándose, perturba todo el sistema de
relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa que cada
acto es concebido como útil o dañoso, como virtuoso o perverso, sólo en cuanto
tiene como punto de referencia al moderno Príncipe mismo y sirve para
incrementar su poder u oponerse a él.
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