jueves, 14 de marzo de 2019

Actividad de Aprendizaje 7


ACTIVIDAD 7

Según lo que Maquiavelo pensaba acerca de la religión y política era que existía una muy alta separación entre lo que está bien y lo que no ya que en la época en la que el vivió la iglesia dominaba cualquier tipo de asunto ya sea político por lo que si una persona no estaba de acuerdo con la iglesia era cruel mente sancionado,  por esto su pensamiento también se basaba en el de que cada persona debe tener un lado bueno y un lado malo para poder liderar u obtener algún mandato, porque existen personas que son malas por naturaleza; y como se sabe cada quien busca el beneficio propio y el ser bueno no hace cambiar el pensamiento de la otra persona, otro aspecto que toma en cuenta es el con quien nos relacionamos, porque debemos tener más especialistas y menos aduladores para poder alcanzar una buen liderazgo.

Para su libro el príncipe lo que el intenta plasmar es el cómo es que una persona puede liderar siendo tan bueno en un mundo lleno de buitres. Es importante que cada quien tenga conocimiento de que por bien que se crea algo siempre existe un mal que hará que cualquiera fracase.

Su pensamiento realista lo hizo sugerir el crear un solo estado estable mediante la fuerza de las armas. Creía necesaria una reforma política a cargo de un príncipe fuerte (su modelo era César Borgia)  que lograra la unidad de Italia como único medio para enfrentar a estados fuertes, como Alemania o Francia, y no ser invadida periódicamente por ellos.

Preconizaba en sus escritos que en política el fin justifica los medios, y que en la lucha por el poder lo importante es triunfar, por lo que la mentira, la astucia, la violencia y la compra de personas con dinero estaban justificadas y daban mejor resultado que la verdad o el buen trato a los ciudadanos. Mostraba que para imponerse en política se requería inevitablemente una conducta que muchas veces iría contra la fe, la moral y la religión, y requería de una retórica de disimulo y engaño eficaz. Los gobernantes deben guardar las apariencias, aunque salten constantemente sobre ellas, decía.

En realidad el mundo sigue siendo el mismo, ya que siempre han ocurrido problemas de corrupción y escándalos en la política de los países a través de la historia. "El príncipe” decía ha de parecer, al que lo mira y escucha, todo clemencia, todo lealtad, todo integridad, todo humanidad y, sobre todo, es fundamental aparentar el mayor respeto por la religión. Con esto indicaba que el político era todas apariencias, ya que los hombres juzgan más por los ojos que por los hechos o antecedentes.
En la actualidad bien se sabe que los asuntos políticos siguen siendo corruptos y sin democracia sin importar el país en el que se esté aunque el análisis que Maquiavelo tuvo fueron de épocas pasadas la problemática sigue fuertemente sin importa cuánto tiempo haya pasado, y aunque la religión se separó de la política dejando atrás el mandato aún existen países donde la jerarquía de gobierno sigue siendo la misma.

Una parte importante del moderno Príncipe deberá estar dedicada a la cuestión de una reforma intelectual y moral, es decir, a la cuestión religiosa o de una concepción del mundo. También en este campo encontramos en la tradición ausencia de jacobinismo y miedo del jacobinismo (la última expresión filosófica de tal miedo es la actitud malthusiana de B. Croce hacia la religión). El moderno Príncipe debe ser, y no puede dejar de ser, el abanderado y el organizador de una reforma intelectual y moral, lo cual significa crear el terreno para un desarrollo ulterior de la voluntad colectiva nacional popular hacia el cumplimiento de una forma superior y total de civilización moderna.

En la actualidad Una reforma intelectual y moral no puede dejar de estar ligada a un programa de reforma económica, o mejor, el programa de reforma económica es precisamente la manera concreta de presentarse de toda reforma intelectual y moral. El moderno Príncipe, desarrollándose, perturba todo el sistema de relaciones intelectuales y morales en cuanto su desarrollo significa que cada acto es concebido como útil o dañoso, como virtuoso o perverso, sólo en cuanto tiene como punto de referencia al moderno Príncipe mismo y sirve para incrementar su poder u oponerse a él.





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